La (Re)evolución de los vinos blancos en Argentina

El Malbec en la Argentina, reina y gobierna. Es sinónimo de vino argentino. Es el Messi de la vitivinicultura nacional.

 

Sinónimo de buena calidad en cualquier segmento de precios. Y para muchos consumidores, una zona de confort válida, que lo convierte en un varietal imbatible.

Pero, ¿qué pasa con el resto? Sí, Cabernet Sauvignon tiene su histórico público cautivo; el Merlot viene levantando y vuelve para reclamar un lugar estratégico en las góndolas y el Cabernet Franc, aún con pocas hectáreas a nivel nacional, sigue ganando fama.

¿Y con los blancos? ¿Dónde quedó la afinidad de los argentinos por los blancos, considerando que hace décadas se consumía este tipo de vinos que tintos?

«Argentina, país de tintos», arrancó comentando el enólogo Sebastián Zuccardi, pero con una entonación final que más que una afirmación, terminó teniendo un aire de pregunta retórica.

«Casi todo el foco estaba puesto en los tintos y nos criamos con preconceptos que tuvimos que ir derribando», prosiguió el enólogo.

«Cuando nosotros pensábamos en hacer vinos blancos, siempre pensábamos en lugares costeros, marítimos, con clima frío. Y por eso mirábamos a Chile y no considerábamos el potencial real que tienen algunas zonas del Valle de Uco para hacer vinos blancos», completó.

¿Y qué hay de esos preconceptos? Sebastián respondió: «Se decía que no había terroir, excepto para el Torrontés; que no teníamos clima adecuado en Argentina para hacer vinos blancos».

«No teníamos la noción de la importancia de la cordillera, que por la altura y la luz, nos brinda condiciones particulares. Es un desierto en altura, sin influencia oceánica, con la altura como factor climático, pero con luz. Y, muy importante, con mucha diversidad de suelos, con materiales volcánicos, calcáreos y combinaciones que no se ven en otras partes del mundo, como granito con calcáreo», detalló el experto.

Además, destacó que en lugares como San Pablo, Gualtallary o El Peral, «tenemos también una diversidad de alturas en muy pocos kilómetros y esto genera que tengamos climas muy diferentes. El clima y los suelos son clave cuando buscamos acidez y textura. Y estos lugares son ideales para eso».

Nuevo portfolio
Sebastián explicó que vienen trabajando en consolidar un portfolio de blancos desde hace cinco años. «Casi sin querer, hemos ido aprendiendo y profundizando y así fuimos construyendo una línea de blancos. Y en este caminar, en este vinificar, llegamos a un resultado que nos pone contentos y tenemos ganas de compartirlo», agregó entusiasmado.

«¿Qué cambió para nosotros? Cambió nuestra mirada sobre el lugar, empezamos mirar hacia la cordillera y a entenderla», planteó desde Mendoza, antes de iniciar una cata virtual para periodistas y sommeliers.

A su turno, la enóloga Laura Principiano aseguró que al inicio, «los ensayos con vinos blancos eran inexistentes, pero en 2015 tuvimos un punto de inflexión y, actualmente, más de la mitad de los ensayos que hacemos en I+D es con blancos, estudiando fermentaciones, modos de crianza, manejos de viñedos, tipo de prensado y otras variables».
FUENTE I PROFESIONAL

Compartilo: