François Lurton: «El calentamiento sube el Ph y el alcohol en los vinos»

François Lurton es la cuarta generación de viticultores de una familia de Burdeos activa desde 1897; sus antepasados se dedicaron a la elaboración de espirituosos y en ese campo también ha puesto un pie este Lurton que, además de trabajar viñedos por medio mundo, ha hecho una ginebra y un vermouth.

Lo que le gusta es viajar para descubrir cómo se elabora vino y después traerse las técnicas al Viejo Mundo –que, dice, las necesita y mucho para combatir el efecto del calentamiento global–. Empezó por Australia, ha trabajado en los complicados viñedos del Duero en Portugal, cultiva en Chile, Argentina, Toro y Rueda.
–¿Ya tiene otro destino?

–Estoy pensando en California. Parte de mi familia está allá y me interesa mucho, hay posibilidades de hacer cosas muy interesantes, de gran calidad, y diferentes. Porque son del Nuevo Mundo pero aplican la mentalidad del Viejo, es una manera de trabajar muy cerrada. Por eso podemos hacer vinos muy interesantes.

–¿Es eso lo que le mueve?

–No voy con ideas preconcebidas. Me gusta primero descubrir lo que hacen los otros. Aprendí más de eso que de mis padres, y eso que de ellos aprendí muchísimo, todo lo básico. Viajando he descubierto variedades diferentes, otras maneras de trabajar los viñedos, estudié la irrigación y eso me hoy permite volver a Francia con medidas que necesitaremos para bajar los niveles de alcohol. Me mueven las ideas nuevas y poder aplicarlas a lugares que están encerrados en la tradición. Eso hicimos mi hermano y yo en Rueda: casi una revolución. Fuimos pioneros del verdejo moderno. Lo mismo en Valle de Uco, en Argentina, que hoy es el mejor viñedo de Argentina. Es interesante estar al inicio de algo.

–¿Cómo ha elegido viñedos distintos?

–-Todas estas experiencias me han gustado porque tienen un tipo de suelo, de clima, de ‘terroir’, muy adaptado a hacer vino. Tengo un viñedo en el sur de Carcasone, en una región muy pobre donde pierdo plata cada año, y lo adoro. Estoy más ligado al ‘terroir’ y a la calidad de los viñedos. Cada uno tiene su encanto particular.

El gran reto
–¿Qué vio en Toro, una región menospreciada en los 90?

–Buscábamos algo distinto, una oportunidad. Por eso fue Toro, porque era impresionante todo lo que había que hacer, por la calidad de la uva –la tinta de toro, no el tempranillo que tiene todo el mundo–, con un potencial para envejecer enorme, y con viñedos muy viejos. Será el único lugar del mundo donde se pueden encontrar viñedos de casi cien años. Producen una uva increíble. Eso sí, con el cambio climático va a ser difícil de manejar, tendremos que hacer muchos cambios en Toro.

–¿Es el gran reto del mundo del vino?

–El calentamiento. No sabemos qué va a pasar pero sí que sube el Ph, que sube el alcohol, que el equilibrio general de nuestros vinos está tocado y requiere mucho más trabajo. Ya no hay malas cosechas en Burdeos, ahora todas son buenas; pero el nivel medio de alcohol pasó de 12,5 a 14 y 15, como un buen Toro (risas)

–Pues qué será del de Toro…

–Hemos tenido que trabajar muchísimo para bajarlo, ese es el problema de los viñedos. La densidad de plantación y la irrigación serán las que salven todo. ¡Por fin lo aceptaron! Si no, todo iba a morir.

–¿Eso lo aprendió en Argentina?

–Sí. Y eso salvará al vino del Viejo Mundo.

–Usted oye que el vino es caro y…

–Es caro si uno no está preparado para ese precio, y aquí el consumidor está dispuesto a pagar por un Burdeos 50 euros pero no por uno español. Es un complejo. Creo que España es un poco como Chile, y Argentina como Francia. Los argentinos están muy orgullosos de sus vinos, no gastarán mucha plata en un vino francés o chileno pero sí en uno suyo. En Buenos Aires hay una venta impresionante de vinos muy caros. En Chile, toman vino, un vinito, les gusta, es habitual, pero no gastan en vino, para ellos es algo simple, parte de la vida, y no se les ocurre gastar. Un francés, si no tiene dinero, dejará de comprar mantequilla, pero no vino

Compartilo: